APRENDER A LEER
Viajo sentada en el metro, en un vagón medio vacío. Es domingo por la mañana. Se respira una paz anormal en este medio de transporte normalmente tan concurrido. Llevo ya unas cuantas estaciones a mis espaldas, la tranquilidad me relaja y estoy algo amodorrada. En esto, se cuelan varias voces en mi estado de abstracción. Una es una vocecita infantil que lanza una pregunta que no entiendo del todo. La explicación llega de la mano de una voz adulta que responde: —«Avd.» significa «avenida». Se llama abreviatura. Se acortan las palabras. Así pueden caber en el cartel. Esta estación se llama «Avenida de América». La que habla es una mujer que viaja con dos niños en los asientos situados enfrente del mío. Son un niño y una niña, que están sentados con las piernas recogidas bajo el cuerpo, como si estuvieran descansando sobre la hierba. Van cómodos y distendidos y forman un grupo delicioso. Están tan concentrados en su conversación que puedo observarlos a mis anchas sin que perciban mi ...







