UN LARGO ABRAZO
Lo que voy a relatar sucedió durante la segunda ola de calor de este verano, que nos asaltó cuando ni siquiera había empezado el mes de julio. Una ola de calor prematura, imprevista, especialmente sofocante por ser la avanzadilla de lo que se promete como un verano difícil de soportar. He dicho antes que me dispongo a relatar algo, pero no sé si este verbo es adecuado. No se trata de una historia, ni siquiera de una breve anécdota: fue un destello, una pincelada que se materializó frente a mí en unos segundos, bajo un sol abrasador. Salía yo del metro y me dirigía a mi casa esforzándome por hallar cobijo a la sombra de los edificios. No era tarea fácil: era mediodía y la luz cenital se desplomaba sin piedad sobre calzada y aceras; apenas se dibujaba un leve pasadizo de oscuridad bordeando las casas del lateral izquierdo. Por allí eché a andar, recordando, como me sucede a menudo, aquel sabio consejo de nuestros mayores: «Vete por la sombra». Ir por la sombra me obligaba en este caso ...







