UNA BELLEZA INESPERADA
En la comedia de los noventa French Kiss, dirigida por Lawrence Kasdan, hay un gag que se repite a lo largo de toda la película y que me resulta muy divertido. La atribulada protagonista interpretada por Meg Ryan, una mujer que sigue a su esquivo prometido hasta París para descubrir que este le es infiel, se pasea por la bella capital francesa en un estado de frenesí, acompañada por un sinvergüenza encantador como solo puede serlo un personaje de ficción y al que da vida el actor Kevin Kline. En sus idas y venidas, la protagonista se cruza una y otra vez con la Torre Eiffel, pero sin llegar a verla: se lo impiden barreras físicas o sucesos que dirigen su atención hacia otro punto en el instante mismo en que debería producirse la visión. Así, este personaje acongojado está siempre de espaldas o mirando hacia otro lado cuando se materializa frente a ella el emblema por excelencia de la Ciudad de la Luz. No soy demasiado amiga de las comedias románticas, pero hago una excepción con Fren...






