UNA VOZ INCÓMODA
Estoy sentada en el vagón de metro, entre una persona que se expande más allá de su asiento (suele ocurrir) y una barra que se me incrusta en el brazo. Es un día de mucho frío y todos los viajeros vamos pertrechados con plumíferos y chaquetones gruesos que nos hacen lucir aparatosos, excesivos, rebosantes del espacio que nos corresponde. Para aislarme de la incomodidad, me pongo unos auriculares y me concentro en un audio o tal vez un vídeo, no recuerdo cuál. Es difícil estar más ausente de lo que yo, abrigadísima y con los sentidos cerrados a mi entorno, me encuentro en esos instantes. Y, de pronto, una voz se cuela en mi clausura. Quien habla es un hombre que lleva un rato lanzando su discurso en el vagón vecino. Sus palabras han llegado a mí hasta ese momento como un simple runrún, un telón de fondo de los sonidos o las imágenes que ocupan por completo mi atención. Supongo que está pidiendo dinero a los pasajeros o vendiendo algún producto que justifique dicha solicitud...


