ENCUENTROS CON DANTE
Todo empezó el pasado mes de septiembre, en un viaje a la Costa Brava con una obligada parada en Figueras para visitar el Teatro-Museo Dalí. No se trataba de mi primera incursión en ese universo abigarrado y extravagante; quizá por ello, o por encontrarme en una etapa vital distinta a la de la primera vez, mi atención estuvo en esta ocasión más prendida de los detalles que de las grandes instalaciones o las vistosas ocurrencias del más mediático de los surrealistas. En una galería del piso superior, alejada de la marea de turistas que contemplaban embobados barcos suspendidos en lo alto o maniquíes en enigmáticas poses, di con una serie de grabados de Dalí que no conocía. ¿No estaban allí expuestos hace ya dos décadas, en mi primera visita al museo? No estoy segura; tal vez mi memoria haya omitido su recuerdo en favor de imágenes más espectaculares. Lo que sí puedo afirmar es que, en esta ocasión, no va a suceder lo mismo. Este conjunto de grabados delicados y discretos, alejados del t...







