PRESAGIOS DEL OTOÑO
Uno. La brisa. Es posible encontrarse con ella en variadas circunstancias. La más favorable tiene lugar a primera hora de la mañana. Te levantas temprano a pesar de ser fin de semana o estar de vacaciones, tal vez te has desvelado o (como es mi caso) te has convertido en fiel servidora de un gato convaleciente que ha devenido en tirano y tiene extravagantes horarios de comida. Decides empezar la mañana, en cualquier caso. Mientras te preparas un café, abres la ventana, casi con miedo, y de pronto sientes una brisa fresca que se cuela en tu cocina y te envuelve, como invitándote a bailar con ella. A veces, en el culmen del privilegio, viene acompañada por un rastro de humedad. Respiras con los ojos cerrados. Quién te lo iba a decir: incluso agradeces el madrugón. Dos. La sombra. Durante meses ha sido un refugio contra el castigo implacable del sol. Los itinerarios se han vuelto confusos y alambicados por la necesidad de acogerse a su protección, en un fiel cumplimiento de aquella ...





