UNA GRAN CALABAZADA
Siento enorme gratitud por el anónimo autor del Lazarillo de Tormes , creador de una historia que refleja la realidad española de mediados del XVI y que, sin embargo, es fácil de entender para un lector moderno. Solo los que nos hemos esforzado por acercar a los estudiantes adolescentes ese variopinto batiburrillo de obras que se encuadran bajo el rótulo de «clásicos» sabemos del alivio que produce llegar a una novela que, a pesar de tener casi cinco siglos de antigüedad, cuenta la historia de un pobre chaval vapuleado por la vida con el que cualquiera puede sentirse identificado. En mi larga experiencia como profesora, no he encontrado nunca un grupo de alumnos que no prestara atención cuando leíamos en clase (a veces, lo reconozco, cuando los relataba yo) episodios como el del jarrazo que asesta el ciego en la cara del pobre Lázaro mientras este se encuentra concentrado en beberse su vino. Eso sí, hay reacciones para todos los gustos: risas, asombro (¿qué barbaridad nos está haciendo...






